Estrés: un mal del siglo XXI que afecta a la piel • Guapísimas
El estrés en la piel
Contra el estrés, respira hondo - FOTO: Tim Goedhart en Unsplash

Estrés: un mal del siglo XXI que afecta a la piel

Como un veneno que sale por los poros, causa arrugas, rojeces, granos y máxima sequedad cutánea

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano. Conforma una sofisticada construcción que, a pesar de no tener más espesor que unas centésimas de milímetros, nos protege y media con el exterior, mandando mensajes al interior.

Fisiológicamente, es como un muro donde los ladrillos serían las células y los lípidos, el cemento que las une. Nuestra piel trabaja a marchas forzadas para levantar ese muro en el que, cada 28 días (más o menos), las células nacen y se multiplican en la capa basal, crecen a medida que suben hacia el exterior y mueren queratinizadas en la superficie, donde se disponen en quince o veinte hileras que caen de forma natural (descamación).

Durante la noche, trata de repararse de los daños sufridos durante el día y durante el día se defiende del entorno hostil que la irrita, envejece y erosiona, mermando su capacidad de respuesta. Quienes la amenazan durante el día son el sol, la polución, luz azul de las pantallas, los cambios bruscos de temperatura o productos cosméticos excesivamente agresivos.

LOS DOS TIPOS DE ESTRÉS

Los daños que sufre la barrera pueden darse por dos formas de estrés:

  1. El estrés exógeno, que se refiere a: agresiones de tipo climático, mecánico o químico: sol, polución, luz azul de las pantallas, cambios bruscos de temperatura o productos cosméticos excesivamente agresivos o exfoliantes que pueden mermar su resistencia.
  2. Por otra parte, el estrés endógeno es el que provocan las alteraciones hormonales, enfermedades, mala alimentación, determinados medicamentos y tensiones de tipo psicológico (la epidermis está llena de terminaciones nerviosas que conectan cuerpo y cerebro).

Todas estas condiciones adversas drenan de la piel más más energía de la necesaria y le exigen algo que no puede soportar.

Por estrés se produce un aumento de la deshidratación, rojeces e irritación, acné adulto, tono apagado y hasta aumento de las arrugas.

Pedro Catalá, fundador de Twelve Beauty, cosmetólogo y doctor en farmacia nos explica por qué se producen y cómo combatir los síntomas del estrés epidérmico, que envejece y agrede a la piel: “El estrés tiene un impacto negativo para la salud de nuestra piel, agravando patologías ya existentes como eczema o psoriasis e incluso dando lugar a nuevos problemas cutáneos.

En estados de estrés, nuestro organismo –como mecanismo de defensa- produce cortisol. Niveles elevados de esta hormona causan estragos en nuestro sistema inmunitario afectando a nuestra piel a diferentes niveles”.

Así se manifiesta el estrés epidérmico:

  • MÁXIMA SEQUEDAD El exceso de cortisol provocado por el estrés afecta a la funcionalidad de la barrera de la piel, aumentando la perdida de agua transepidérmica y disminuyendo notablemente la capacidad de ésta de retener agua.
  • ROJECES E IRRITACIÓN El estrés provoca rojeces y la piel esté más irritada. La explicación está en que nuestro organismo libera más histamina, y esta es la hormona responsable de la irritación. Los episodios graves o sostenidos de estrés se pueden provocar patologías cutáneas como la rosácea o el eczema. Y si ya se padecen, éstos empeoran.
  • ACNÉ ADULTO Se debe a que hay un desequilibrio entre las cepas de bacterias buenas y malas. Esta es una de las causas del acné adulto, y suele aparecer en la zona de alrededor de la boca y la barbilla.
  • TONO APAGADO Si tu piel ha dejado de mostrarse luminosa, puede ser a consecuencia del estrés. Nuevamente, el cortisol tiene la culpa. En este caso hace que la piel se renueve más lentamente dando paso a un tono más cetrino, opaco y apagado.
  • MÁS ARRUGAS El estrés y las preocupaciones también pasan factura en forma de arrugas. De forma indirecta, expresiones como fruncir el ceño, la rigidez de los músculos faciales y el efecto de la gravedad hacen que la piel pierda firmeza y que las líneas de expresión existentes.

¿HAY SOLUCIÓN?

Los tratamientos cosméticos cotidianos están destinados a ayudar a la piel en sus funciones, pero en periodos de estrés no parecen surtir los efectos deseados. Es en este momento cuando precisa un producto de choque que la reanime, una inyección de energía que normalice su comportamiento.

Por ejemplo, a través de curas intensivas con todo lo necesario para defenderse de las agresiones medioambientales de día y renovarse de noche. Los excipientes y los principios activos varían de una marca a otra. En tu elección has de tener en cuenta que las cremas hidratan más pero que los sueros permiten una mayor concentración de sustancias activas mejor vehiculizadas.

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